Humildad y orgullo en la empresa

Humildad y orgullo en la empresa

Sin duda alguna, el orgullo es uno de los pecados capitales más usuales en el mundo empresarial. Lo vemos todos los días en nuestras propias empresas y en las ajenas. Hasta tal punto que, el cliché del “malvado capitalista” que quiere dominar el mundo parece el arquetipo del perfil directivo común.

Ya se sabe que generalizar no suele traer nunca nada bueno pero también es verdad que, en este caso concreto, unos cuantos egos hinchados no ayudan precisamente a cambiar la imagen del asunto. Cansados estamos de escuchar ejemplos interminables sobre jefes tiránicos o ejecutivos agresivos.

Personalmente siempre me sorprenderá que exista tanta gente que piense que puede ganarse algo yendo por la vida demostrando prepotencia y desdén hacia los demás. Quizás sea porque hay demasiadas personas temerosas o con poco carácter en este mundo. Y es que, más bien, si nos ponemos a pensarlo detenidamente, es todo lo contrario.

El mundo empresarial se basa en las relaciones. Nadie puede sacar adelante las cosas por uno mismo (que se lo digan a muchos emprendedores veteranos). Incluso un freelance tiene que tratar con clientes o proveedores, le guste o no. Por tanto, haríamos bien en empezar a tratar bien a los demás. No sólo les ayudaremos a ellos, también nos ayudaremos a nosotros mismos.

Hace falta más humildad en casi todas las empresas. Tendemos a confundir la confianza en uno mismo con la prepotencia y, de este modo, luego no es extraño que aparezcan directivos con egos más grandes que la Antártida y continuos conflictos entre departamentos (cuando no entre compañeros) en la operativa diaria.

En una empresa, todo el mundo debería trabajar por un mismo objetivo. Todos deben remar en una sola dirección. En caso contrario… ¿quién sabe dónde acabaremos? Piense en el compañero más popular de su oficina. Probablemente sea el mismo que saca tiempo para ayudar a los demás (aún cuando él mismo esté hasta arriba de trabajo), pasa tiempo en la máquina del café conociendo a sus compañeros o dando consejos y la primera persona a la que usted acude cuando tiene un problema.

Los más avispados, se habrán dado cuenta de que esta persona más popular debería ser el jefe como modelo de liderazgo del grupo, pero en la práctica, ¿cuántas veces es así? Más bien pocas. De ahí que se hable de la diferencia entre autoridad moral y autoridad formal en muchos libros de recursos humanos.

Todos deberíamos esforzarnos a diario por cultivar nuestra humildad. Pensar un poco también en los demás y no todo el tiempo en nosotros mismos. Especialmente, es importante que el personal que trabaja en servicios (la mayoría de nosotros) lo haga. Todas las empresas sirven o deberían servir al cliente. En caso contrario, ¿qué hacen? Probablemente lucrarse bajo el disfraz del servicio. No deje que su empresa se convierta en una de ellas.

Jorge Ignacio Mata Arribas – Gerente de JMA Asesores

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