¿Dirección por Objetivos o Dirección por Valores?

¿Dirección por objetivos o Dirección por valores?¿Con cuál nos quedamos? ¿A quién queremos más? ¿A papá o a mamá? Resulta increíble la enorme cantidad de debates teóricos estériles y vacíos que genera algo tan complejo como la gestión empresarial.

En JMA Asesores siempre hemos apostado por la practicidad y el sentido común más allá de teorías y modas que vienen y van según los designios ocultos del “gurú” de turno. No obstante, de vez en cuando, se aprenden algunas cosas si se presta un poco de atención.

Por dejar clara mi opinión sobre el tema, diré que me parece bastante problemático decir que la dirección por objetivos ha muerto. Incluso algo fuerte, si me apuran. Por otra parte, el término “dirección por valores” me suena demasiado a “cuento utópico del país de la gominola”. ¿Con cuál de los dos debemos implicarnos?

Muchas de las personas que no comparten mi opinión me critican alegando que soy demasiado moderado en mis afirmaciones. Que procuro no “mojarme”, vaya. Yo, por mi parte, prefiero verme como alguien prudente que sólo habla de lo que conoce. Por supuesto, quizá mis detractores tengan razón, pues les reconozco que no puedo ser totalmente objetivo en lo relativo a mí mismo .

¿Realmente existen empresas que no tienen objetivos? Francamente lo dudo. Incluso conseguir determinados valores, por utópicos que estos sean, son objetivos en sí mismos. No es que la dirección por objetivos esté “superada”, lo que sí que está claramente superado es esa visión de que solo importan los objetivos económicos “a cualquier precio”.

Hoy en día, los objetivos de las empresas se han complicado enormemente, ya no sólo importa cuánto dinero ganamos, sino también cómo lo ganamos y si lo hacemos de una manera sostenible y diferenciada respecto a nuestra competencia. “¡Casi nada!” dirán muchos. Y es que si nos paramos a reflexionar un poco sobre el tema veremos muy claramente porque estamos donde estamos.

Hasta el momento, hemos negado gran parte del humanismo en los negocios. Al empleado solo se le pedía fidelidad a cambio de su salario (algo que me recuerda a la figura del mercenario en los ejércitos antiguos). Nadie se preocupaba por si era feliz o se sentía desgraciado. Esto comúnmente trae desmotivación e innovación inexistente. ¿Les suena de algo?

Es muy cierto que debería darse más importancia a eso que llaman “valores”, pero sin perder de vista los objetivos económicos de la empresa. Si no sabemos a dónde vamos, es muy posible que acabemos donde menos lo esperamos. Y que eso suceda en una empresa es imperdonable.

La dirección por objetivos, para mí, sigue siendo tan válida cómo cuando se formuló hace algunas décadas. Otra cosa es que tengamos que redefinir mucho mejor nuestros objetivos ideales, incorporando cierta clase de valores a esos objetivos, que aporten razones valiosas para intentar luchar para conseguirlos. Esa, probablemente, sea la evolución que todos deseamos.

Jorge Ignacio Mata Arribas – Gerente de JMA Asesores

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